Hay una oquedad, una nada en tus ojos absorbente. Dos agujeros negros auroleados de un castaño obscuro que -aparentemente- se vale de una fuerza de atracción mayor a la de los agujeros mismos. Insisto: aparentemente. Aquellos que se han detenido en la miel quemada que rodea cada núcleo, son apenas dípteros maravillados con la antesala de un mundo paralelo regido por leyes que no terminarían nunca de asir. Tus pupilas, son pues, filtros ante la mediocridad y la deficiencia masculina. Son la evolución de un mecanismo delicado y harto sincero que pretende la maximización de tiempos. Ya pueden detenerse a mirarlos neandhertales, cuentistas, budistas, serbios, celópatas o abogados: si terminan siendo insuficientes para las expectativas que lanzas, no podrán mirar ojos adentro.
martes, 18 de mayo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Diría que te quiero, pero eso ya lo sabes. Mejor te cuento algo que no sabes ¡la niña de mis ojos se ha enamorado de ti! ( y a decir verdad siento celos de ella)
ResponderEliminarBello... sublime. Sin duda tocas el alma con cada letra.
ResponderEliminarComo dijo el maestrazo Sabina "tienes la cabeza muy bien amueblada compañero"
Saludos al caballero del talento trepidante