martes, 25 de enero de 2011

Precaución.

La muerte acarició el bolígrafo y un destello impreciso vibró en sus cuencas. Vino entonces la disertación; podía:
  • a) Regresar el bolígrafo a mi bolsillo, esperando que no simbolizase este el Caballo de Troya de vaya uno a saber qué malicia (malicia que, viniendo de ella, tenía un franco tono mortífero).
  • b) Regalarle el bolígrafo, y dejarme aguijonear por la incertidumbre de saber sí fui burlado dos veces y a un mismo tiempo por la muerte: la primera al firmar aquel contrato, y la segunda al dejarle mi Montblanc por un temor mal infundado.

viernes, 14 de enero de 2011

La décima esquina.

Mirándose por encima de un jarrón de barro se dice que andan. A fuerza de beber el frío ambarino que el recipiente sostiene, sus miradas se tornan acuosas, húmedas. Las sonrisas se facilitan, y cada fragmento de su derredor les aguijonea para dibujarles una de momento a momento. Y las figuras dispuestas en los murales –ganado vacuno, cantantes de rock-, paulatinamente, cobran vida. Murmuraciones al principio, gritos después. La algarabía del lugar y el bullicio se eleva tanto que los obliga a huir, a buscar un cómodo sofá que les tranquilice la agitación de haberse encontrado.