martes, 25 de enero de 2011

Precaución.

La muerte acarició el bolígrafo y un destello impreciso vibró en sus cuencas. Vino entonces la disertación; podía:
  • a) Regresar el bolígrafo a mi bolsillo, esperando que no simbolizase este el Caballo de Troya de vaya uno a saber qué malicia (malicia que, viniendo de ella, tenía un franco tono mortífero).
  • b) Regalarle el bolígrafo, y dejarme aguijonear por la incertidumbre de saber sí fui burlado dos veces y a un mismo tiempo por la muerte: la primera al firmar aquel contrato, y la segunda al dejarle mi Montblanc por un temor mal infundado.

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